Un regalo para toda la vida

Hacer una fotografía no es simplemente una fotografía. Y regalar una sesión de fotos es mucho más que regalar unas fotos. 

Piensa en ello. En el hipotético caso de que tu casa saliera ardiendo y tuvieras que coger algo al vuelo que llevarte, ¿qué sería? A día de hoy, la respuesta probablemente para muchos sería el móvil (puede que algunos se decantaran por la PlayStation, o por la colección de... ¿sellos…? también), pero en mitad de las llamas, probablemente todos intentaríamos tener una mano libre para agarrar algún álbum de fotos. Eso estaría entre lo más importante, las fotografías. Incluso puede que aquellos que agarraran el móvil, o el portátil a toda prisa lo hicieran por salvar los archivos fotográficos allí presentes. 

Las fotos, las de toda la vida, las del fin de semana pasado, las de tus primos jugando contigo en casa de tus abuelos, o incluso las de tu ex-pareja. Todas importan, porque ninguna nos deja indiferente. Por suerte, seamos más o menos melancólicos, por el hecho de recordar somos seres conectados a nuestra historia, y nada nos transporta mejor a nuestra propia historia que las fotografías. Gracias a esas fotografías podemos hacer ese click mental que nos transporta a las vacaciones de hace cinco veranos, o diez veranos, o las que pasaste en Nerja de niño y de las que apenas tienes consciencia. Precisamente, de entre todas, las fotos de nuestra propia infancia tienen algo particularmente excitante, porque nos vemos allí, con nuestros amigos, padres o hermanos sin apenas reconocernos. Esas fotos quizás son el legado más fantástico que podemos tener de un tiempo que no recordamos, porque nos muestran y nos conectan la realidad de la que provenimos. Probablemente, tener unas buenas fotos de tu propia infancia es uno de los objetos que más podremos agradecer a nuestra padres. Ciertamente, no creo que puedas permanecer indiferente al ver las fotos de tu madre cuando estuvo embarazada de ti. Es lo más cercano a contarte tu propia historia, y poder tener las huellas que te confirmen que estuviste en ella. 

Por eso, las fotos de Elena embarazada en la playa de Zahara son más que un regalo para ella. Son el primer recuerdo, el primer regalo para toda la vida que David y Elena le van a hacer a su pequeña Lola, (o Noa que aún no se deciden…).