Ser y parecer un buen fotógrafo

Conocí hace poco a un fotógrafo de eventos en una fiesta organizada en el Retiro, en Madrid. Al menos había dos fotógrafos que documentaban la fiesta para promociones de futuros eventos. Siempre que tengo delante a un fotógrafo me fijo en cómo trabaja, no solo en el equipo que lleva, aunque como fotógrafo que soy me gusta escanear cada máquina de fotos que veo en las manos de alguien. Es inevitable hacer comparaciones, y no me considero un “tecno-friki” del equipamiento, ni mucho menos me vuelvo loco por comprar lo último, aunque sí que estoy muy orgulloso de mi “trío f1.4” (mis objetivos Sigma Art 35mm f1.4; Nikon 50mm f1.4 y Nikon 85mm f1.4). No me obsesiono con los detalles sobre la perfección del “bokeh”, pero poder exprimir las posibilidades de agarrar la luz con objetivos muy luminosos no es nada desdeñable. Además, las lentes fijas, aparte de tener en su mayoría cristales de mejor calidad, me restringen y me centran a una distancia focal determinada. En una sesión de book de fotos, donde hay que estar atento a mil detalles distintos, quitarte la opción del zoom es un parámetro menos en el que tener que pensar. Cuando me fijo en otro fotógrafo mientras trabaja, es por razones innatas a la disciplina fotográfica, ya todos los que lo practicamos tenemos bastante de voyeur. Estoy convencido de que todo el mundo tiene algo que enseñar, desde el principiante hasta el más profesional que anda ahí fuera, de todos podemos aprender una cosa distinta que nos haga un poquito mejores (aunque sea aprender de los errores de otros, para no cometerlos tú).

 

Pero estábamos de fiesta con fotógrafos en un un evento en el Retiro, en Madrid. Dos fotógrafos, de los cuales desde el primer momento me llamó la atención uno de ellos, mucho más que el segundo. Puede que su corte de pelo peculiar tuviera bastante que ver, tener una imagen personal que sobresale siempre ayuda a recordar. Pero sobre todo destacó por su actitud, extrovertida, interaccionando con todo el mundo, y manejando la cámara como Axel Rose o Freddy Mercury manejaban el micrófono en sus conciertos.  Su manera de agarrar la máquina al hacer las fotos era lo más alejado de la ortodoxia que determina que los codos deben estar apretados contra el cuerpo y cámara bien pegada a la mejilla. Sus propias poses al apretar el botón casi llegaban a la sofisticación de un modelo de Vogue. En mi anterior post ya comenté lo importante que es la actitud del fotógrafo delante de una persona que posa, cómo esa comunicación de ida y vuelta se refleja en la calidad de las imágenes que se hacen durante un book fotográfico. Técnicamente, es posible que no hubiese mucha diferencia entre los dos fotógrafos del evento. Puede incluso que el fotógrafo número dos fuese mejor, más cuidadoso, más centrado en las imágenes que tomaba. Pero de lo que fui testigo es de cómo el primero, con esa actitud tan “cool” conseguía, en mitad de la fiesta, mantener por ejemplo a dos chicas posando para él durante más de diez minutos, repitiendo fotos hasta que estuvo satisfecho con el resultado. El fotógrafo hacía una foto, la miraba en la pantalla, y les pedía que volvieran a sus puestos, y que modificaran sus poses, lo cual transcurría sin problemas, y sin que se quejaran ellas del tiempo que tardase. Es muy posible que con su actitud consiguiera divertirlas, involucrarlas, pero a su vez hacer que ellas se sintieran especiales durante todo el tiempo que les estuvo haciendo fotos. Puede que el segundo fotógrafo que no destacaba fuese tan bueno que con un simple disparo consiguiese el resultado que buscaba, pero de lo que no cabe duda es que tras esas repeticiones, alabanzas y semi-cortejo fotográfico, a la cuarta o quinta foto, el primer fotógrafo arrancase de estas chicas algo distinto, más íntimo, mucho más personal. Alguna que otra vez he podido observar a fotógrafos de book de retratos (como digo, soy así de cotilla) trabajar sin que apenas hablaran o interactuaran durante sus sesiones fotográficas, que no dirigían la sesión, dejando a sus retratados completamente a su suerte. Mi pregunta en estas circunstancias es si esas personas a las que fotografías logran llegar al décimo click de la cámara si haberse aburrido antes. Por descontado, hay que ser un buen fotógrafo, pero no te olvides también de parecerlo.

Sesión de retratos

 

Por eso, es imprescindible que durante cualquier sesión o book de retratos mantengas a tus retratados siempre enganchados. Oblígate a que no se despeguen, que su mente no deambule demasiado en las cosas que tienen que hacer después de terminar las fotos. Que ese tiempo delante de la cámara durante su book fotográfico sea total, brillante, especial, único. Haz que tu sesión de fotos sea una gran experiencia, dirígete constantemente a la persona, como lo hace un buen contador de historias o de chistes, manteniendo su atención sobre todas las cosas. Voy a tratar de explicar cuáles son las técnicas que uso para conseguir mantener ese interés, pero eso será en el siguiente post, así puedo mantener el vuestro!