Vitalidad en la fotografía

La vitalidad es aquella cualidad de tener vida. 

Decían ciertas culturas aborígenes sobre los trastos enormes que eran por entonces las cámaras que portaban los europeos, que aquellos objetos tan extraños iban a robarles el alma. Sin duda, aquellos fotógrafos pioneros que se ocultaban y manipulaban debajo de un trapo oscuro por un par de minutos, mientras rogaban a sus retratados que no se moviesen, tenían algo de brujos ladrones de almas. Y tampoco aquellos aborígenes andaban tan mal encaminados en sus deducciones.

¿Puede ser una foto vital, puede estar una foto impregnada de vida? Así lo creo, y captar dicha cualidad es objetivo de mi fotografía.

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El alma puede quedar perfectamente retratada en una foto. Nuestra alma, con su complejidad tonal, esencias y las volatilidades que posee en el momento en que nos hacemos una foto queda clonada ahí, para siempre.  

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En este caso, quiero hablar de vitalidad como valor al que me asocio.  Yo no puedo obviar que, como doctor en Biólogía que soy por educación, y el pasado como investigador de la vida que poseo, que siempre he sentido inquietud por entender qué se esconden dentro de la más maravillosa casualidad del universo, La Vida.

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La mía propia siempre se ha motivado en el hecho de descubrir e interpretar la vida. Anteriormente, a nivel microscópico dentro de un laboratorio. Y ahora, como fotógrafo de vidas, a la escala más humana posible, allí donde la vida se armoniza a través de nuestras relaciones personales, y cuyo modo de expresión más real es través de la Vitalidad, lo cual me encargo de recoger en las fotografías que hago mientras comparto una sesión de fotos en familia o en pareja. Y  si como investigador buscaba los ejemplos más significativos para observar la vida a nivel microscópico, como fotógrafo actúo de la misma manera,  buscando la vida en su forma de expresión más vital.

Y dónde mejor encontrarlo que en aquellos en donde la vida brota a borbotones, donde es tan nueva que no se ha conformado con este único mundo, ni a las reglas arbitrarias autoimpuestas. Vida y vitalidad regalada en dosis incontrolables. Toda esa energía pulsante, y alma a flor de piel que empujan los sentimientos a expresarse hacia fuera. Niños, incansables, descubridores con vida para regalar, con vitalidad insaciable.

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Y en la vida compartida. En esa enredadera  de sentimientos, tan llena de vitalidad que se agarra con fuerza indestructible entre dos personas. Parejas enamoradas, donde los cinco sentidos multiplican su percepción por la necesidad en un renacer vital.

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Así que éste es mi compromiso: Cuando fotografío una familia, o en una pareja que se ama, tengo que capturar su vitalidad. Si no lo consigo, no estoy haciendo bien mi trabajo, porque serán fotos sin vida.