¿En qué te puedo ayudar?

Para mí lo más importante es saber que gracias a mi fotografía puedo ayudar a la gente. Ser fotógrafo profesional no me producirían tanta satisfacción si no supiese que con ello puedo ofrecer algo de valor a alguien. Un valor que puede variar dependiendo de cada cual, y de lo que necesite en cada momento. Por ejemplo, éste puede estar en facilitar las tareas de alguien (algunas de mis imágenes se utilizan en presentaciones de charlas científicas para ayudar a transmitir mejor una idea); me gusta pensar que algo he aportado para que alguien encontrara trabajo gracias a un buen retrato en el currículo, o he añadido calidad o valía económica gracias a unos retratos que mejoren la imagen corporativa de un negocio. Aunque ciertamente, lo que más me inspira (y por eso hago lo que hago), es aportar valor sentimental y emocional, que es lo que trato de conseguir con mi fotografía familiar, fotos que perduren como catalizadoras de recuerdos memorables.

Y ¿cómo conseguir saber qué es lo que tienes que darle a cada cual? Todo consiste en escuchar, escuchar mucho, empatizar con las personas y comprender sus necesidades. Solo así podrás saber qué ofrecer.

Con esta idea discurría el otro día en el metro cuando me fijé en dos señoras adultas sentadas frente a mí, una de ellas bastante mayor que otra. Pudiera ser que fuesen madre e hija, ya que la comunicación y su proximidad corporal sugería muchísima intimidad. No me enteraba de su conversación (allá iba yo, como casi siempre con mi música puesta. A veces se puede escuchar de muchas maneras), pero no me hacía falta más para saber qué era lo que iban viendo en la pantalla del móvil de la mujer más joven. El dedo pasando, hacia arriba, siguiendo probablemente una galería de fotos. Su lenguaje gestual y las sonrisas enternecidas que llenaban sus caras te dejaban claro de qué eran esas fotos. ¿Os habéis fijado que cuando se miran las fotos de los pequeños de la familia, tus hijos, tus sobrinos, tus nietos…, siempre producen ese mismo registro de gestos que el que tenían estas dos mujeres? Es imposible retener toda la expresividad emocional que se esconde dentro de una fotografía de un hijo (y puede que un nieto en este caso).

Por eso mismo tengo una cruzada personal con mi fotografía, y no pararé hasta que convenza hasta el último de los mortales (al menos los mortales a los que puedo llegar…) de lo importante que son las fotografías. Todo lo que se guarda en una imagen congelada en el tiempo, su naturaleza, de elementos casi sagrados, y la reacción que dispara cuando las observamos, una mezcla de recuerdos, de sentimientos, y de emociones. Lo que podía ver en el rostro de aquellas dos mujeres sentadas frente a mí en el metro era sin duda esa perfecta magia, la que transmiten los niños, y la que transmiten las fotografías de los niños cuando los vemos congelados en una foto (ya sabemos, en vivo es casi imposible que estén tan quietos…).

A día de hoy, cuando queremos observar esas fotos acudimos, como hacían estas dos señoras, a nuestros móviles. Ese aparato no solo nos hace fotos, también nos las archiva, nos la muestra cuando queremos, y se la podemos enseñar a nuestra madre mientras cruzamos el subsuelo de Madrid. Y si no viaja con nosotros, se las podemos mandar por whatsapp, o la podemos compartir por las redes… En el móvil tendremos quinientas, mil… ¡¿dos mil?! fotos de ellos, y sí, son fantásticas, porque son cercanas, y porque de nuevo, nos traen los recuerdos de la última vez que nos fuimos de vacaciones con ellos. Y sin embargo, ese gran archivo de fotos suele estar desorganizado, es caótico. Tienes que registrarlo de arriba abajo para encontrar aquella foto, o se te olvidan que están, simplemente porque, ¿quién mira (¿o quién encuentra?) las fotos que hace dos años nos enviaron por whatsapp? Por no decir que la mayoría de ellas están a un desliz de lo dedos de perderse para siempre.  

Con todo lo fantástica que es esa colección de fotos que tenemos, si para nuestros hijos queremos lo mejor en todos los aspectos, ¿por qué muchas veces nos parece suficiente las fotos que como padres, sacamos de nuestros seres queridos? ¿Por qué no confiar a veces en las visión de un profesional para que nos haga las fotos que los nuestros se merecen, que nosotros nos merecemos tener de ellos como el recuerdo memorable que querremos tener para siempre? Sacar las mejores fotos es algo más complejo que apuntar la cámara y disparar. Saber cuándo hay que hacerlo, en las mejores condiciones, captar la sensibilidad del momento mágico, la mirada, la sutil sonrisa, la personalidad de los niños… Trabajar una sesión de fotos en familia requiere unas condiciones donde los niños disfruten, se relajen, confíen en la cámara, y en el fotógrafo. Tener la paciencia, y la voluntad, no forzarlos ni correr detrás de ellos… Son muchos aspectos que hay que tener en cuenta. Por eso te propongo que te dejes llevar, que confíes en un fotógrafo profesional, que tú que sueles hacer las fotos esta vez también participes de ellas. Que lo paséis en grande, y que la misma sesión de fotos se convierta en momento familiar memorable. 

¿Te apetece? En esto, sinceramente, sí que te puedo ayudar.