Mi manera de fotografiar familias

Cuando un fotógrafo le pide a otro fotógrafo que le haga una sesión de fotos en familia tiene que ser comparable a, pongamos el caso, cuando empiezas a salir con un o una psiquiatra, y te pregunta a la mañana siguiente durante el desayuno que con qué has soñado… estás completamente al descubierto, no hay manera de camuflar los fallos o las manías, porque enseguida te las va a pillar. En cuanto al tema de las y los psiquiatras sé bien poco, pero en cuanto a fotógrafos, sé que hacer un trabajo así requiere dar lo mejor que tienes (cosa imprescindible en cualquier caso) porque por simple profesionalidad, tu cliente fotógrafo va a hacer un escrutinio muy completo sobre lo que vas a crear.

Aun así, que Florence, una fotógrafa de retrato corporativo me pidiese que retrata lo más importante que tiene, su familia, con sus dos encantadoras pequeñas me hizo más ilusión que vértigo… porque significaba que algo habría visto en mi que le interesaba. Cada fotógrafo es distinto, y algo debió ver en mis fotografía que le gustara para querer ver plasmados sus recuerdos más preciados en la manera que yo los fotografío.

Así que allí fui yo, fotógrafo de familias a fotografiar la familia de una fotógrafa de retratos… (¿el cielo está fotografiado (sí, mucho)… ¿quién lo desfotografiará…?”).  Y tan generosa fueron Florence y Javier que confiaron plenamente en mí, y me dejaron hacer lo que quisiera. Si acaso, el único consejo que me dio fue que me iba costar mucho trabajo convencer a la pequeña Juliette para que posara delante de la cámara…

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Efectivamente, Juliette es pura vitalidad, encantadora, abierta, carismática y enérgica, y como no, prefiere jugar que posar para una foto. Y hacerle fotos a ella fue un ejercicio que refleja lo que realmente quiero captar en una fotografía infantil. Me gusta dejar que los niños sean lo que realmente son, evitar encorsetarlos en una sesión de fotos de dos horas que se convierta en un tedio para ellos. Prefiero hacer de las sesiones de fotos unas experiencias fantásticas, en vez de un mero trámite de ventanilla de administración (...¡siguiente!). Además, en un futuro, cuando veas las fotos, quiero que te quedes con aquellas que sean honestas, en las que ves a tus hijos de verdad, que unos posados de estudio exentos de toda naturalidad.

Si acaso, conseguimos que Juliette permaneciera fija con la mirada en un lugar concreto cuando llegamos al mercado, mientras observaba con pasión el puesto de las aceitunas,  ¡una pasión con la que se identificaría también mi yo de pequeño!

Y mientras tanto Sofía, dando sus primero pasitos torpes, dulce, confiada, sin problemas en darme un abrazo tras hacerle el primer retrato (¡ya me gustaría que todos mis retratados me trataran así!), atenta a todo, pequeña cómplice de su hermana y desarrollando un particular gusto por desbaratar cajones y ponerse sus mejores disfraces para la sesión de fotos (sí, eso también me gustaría de mis retratados).

En definitiva, me encantó que tras entregarle las fotos, la madre fotógrafa me hiciera su aportación como profesional (comentarios sobre encuadre, iluminación, composición) pero sobretodo como madre, que apreciara el hecho de que las fotografías captaban a sus hijas como realmente son, como ella concibe la infancia, y sobre ese tema, por mucho que podamos discutir sobre encuadres de foto, no podemos estar más de acuerdo.